La masa ósea en la menopausia se pierde porque el estrógeno frena de forma directa la actividad de los osteoclastos, las células que destruyen hueso viejo como parte del proceso normal de remodelado óseo; cuando el estrógeno cae, ese freno desaparece y la destrucción de hueso supera a su formación, con hasta un 20% de la masa ósea perdida en los primeros cinco años tras la menopausia según estimaciones clínicas. Este artículo explica el marco general de por qué ocurre y cuándo tiene sentido hacer una densitometría, no el detalle nutricional práctico de calcio y vitamina D, que desarrollo aparte en calcio y vitamina D en la menopausia. Para el contexto hormonal completo, tienes cambios hormonales después de los 40.
Qué es el remodelado óseo y por qué el estrógeno lo mantiene en equilibrio
El hueso no es un tejido estático: se destruye y se reconstruye continuamente en un proceso llamado remodelado óseo, en el que los osteoclastos eliminan hueso viejo y los osteoblastos depositan hueso nuevo en su lugar. En condiciones normales, ambos procesos están equilibrados. El estrógeno participa activamente en ese equilibrio: promueve la apoptosis (muerte programada) de los osteoclastos, reduce su actividad resortiva, y favorece señales que estimulan a los osteoblastos a formar hueso nuevo, en parte a través de la regulación del sistema RANKL/osteoprotegerina, que controla cuánto hueso se destruye (Ji y Yu, 2015). La menopausia rompe brúscamente ese equilibrio: la pérdida de estrógeno aumenta la actividad de los osteoclastos más de lo que aumenta la de los osteoblastos, y el resultado neto es pérdida de masa ósea, más acelerada en los primeros años tras la última regla que después.
Por qué la pérdida es más rápida justo después de la menopausia
La velocidad de pérdida ósea no es constante a lo largo de la vida postmenopáusica: es más rápida en los tres a cinco años inmediatamente posteriores a la última regla, cuando el descenso de estrógeno es más brusco, y después se ralentiza a un ritmo más parecido al de la pérdida ósea relacionada con la edad en general. Esto tiene una implicación práctica importante: la ventana de mayor riesgo de pérdida acelerada coincide con los primeros años de la postmenopausia, que es también cuando muchas mujeres todavía no han pensado en hacerse una densitometría porque no tienen síntomas — la pérdida ósea no duele ni se nota hasta que hay una fractura o se detecta en una prueba.

Osteopenia y osteoporosis: qué significan los términos
La osteopenia es una densidad ósea más baja de lo normal pero que todavía no llega al umbral de osteoporosis; la osteoporosis es una pérdida de masa ósea suficiente para que el hueso se vuelva frágil y el riesgo de fractura aumente de forma significativa, incluso con caídas o golpes menores. Ambos diagnósticos se establecen con la misma prueba, la densitometría ósea (DXA), que mide la densidad mineral del hueso y la compara con la de una población de referencia joven y sana (puntuación T). Tener osteopenia no significa que la osteoporosis sea inevitable, pero sí es una señal de que conviene actuar sobre los factores modificables —alimentación, ejercicio de fuerza, evitar el tabaco— antes de que la pérdida avance más.
Cuándo hacer una densitometría: las guías no siempre coinciden
Aquí conviene ser transparente porque las recomendaciones varían según la sociedad científica y no hay una única edad válida para todas las mujeres. La Bone Health and Osteoporosis Foundation recomienda el cribado sistemático a partir de los 65 años, pero antes si existen factores de riesgo (fractura previa por fragilidad, antecedente familiar de fractura de cadera, bajo peso, tabaquismo, uso prolongado de corticoides, menopausia precoz antes de los 40-45 años). El grupo de trabajo estadounidense (USPSTF) recomienda la densitometría en mujeres postmenopáusicas más jóvenes cuando el riesgo estimado de fractura a 10 años, calculado con herramientas como FRAX, supera un determinado umbral. En la práctica, esto significa que si tu menopausia ha sido temprana, si tienes antecedentes familiares de fractura o si has tenido una fractura por un golpe que no debería haberla causado, tiene sentido pedir una densitometría bastante antes de los 65, y conviene comentarlo directamente con tu médico en lugar de esperar a que se ofrezca de forma sistemática.
Factores que aceleran o frenan la pérdida ósea, más allá del estrógeno
El estrógeno es el motor principal, pero no el único factor. El sedentarismo acelera la pérdida porque el hueso responde a la carga mecánica —sin estímulo de fuerza o impacto, el remodelado se inclina todavía más hacia la destrucción—. El tabaco reduce la absorción de calcio y afecta directamente a la actividad de los osteoblastos. El bajo peso corporal y las dietas muy restrictivas mantenidas durante años reducen la reserva de masa ósea previa a la menopausia, que actúa como «colchón» frente a la pérdida posterior. Por el contrario, el entrenamiento de fuerza y los ejercicios con impacto controlado (caminar a paso rápido, subir escaleras, saltar suavemente si no hay contraindicación) son de las intervenciones no farmacológicas con más evidencia para frenar la pérdida y, en algunos casos, mejorar ligeramente la densidad ósea.
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Qué hacer si tu densitometría sale alterada
Un resultado de osteopenia u osteoporosis no es una sentencia, es un punto de partida para actuar con más precisión: revisar la ingesta de calcio y vitamina D (que desarrollo en detalle en calcio y vitamina D en la menopausia), incorporar entrenamiento de fuerza si no lo tienes ya, y valorar con tu ginecólogo si la terapia hormonal u otros tratamientos específicos para la osteoporosis son adecuados para tu caso. La decisión de tratar farmacológicamente depende del riesgo global de fractura, no solo de la puntuación T aislada, así que conviene que sea tu médico quien lo valore con el conjunto de tus factores de riesgo, no solo con el número del informe.
Cómo interpretar el informe de la densitometría, más allá del número final
Un informe de densitometría suele incluir dos puntuaciones distintas que conviene no confundir: la puntuación T, que compara tu densidad ósea con la de una persona joven y sana del mismo sexo (la que se usa para diagnosticar osteopenia u osteoporosis), y la puntuación Z, que te compara con personas de tu misma edad. Una puntuación Z muy baja, incluso con una T dentro de lo esperable para tu edad, puede ser una señal de que conviene descartar causas secundarias de pérdida ósea (problemas de tiroides, déficits nutricionales, ciertos medicamentos) más allá de la menopausia en sí. El informe también suele medir varias localizaciones —columna lumbar y cadera, principalmente— porque la pérdida ósea no siempre es uniforme en todo el esqueleto, y un resultado normal en una zona no garantiza que la otra también lo esté.
El papel de la terapia hormonal en la prevención de la pérdida ósea
La terapia hormonal con estrógenos es, de hecho, una de las intervenciones con más evidencia acumulada para frenar la pérdida ósea cuando se inicia en la ventana temprana de la menopausia, porque actúa directamente sobre el mecanismo que la causa (restituye en parte el freno sobre los osteoclastos que se pierde con la caída hormonal). No es la única razón para plantear terapia hormonal —y la decisión depende de muchos otros factores, síntomas y antecedentes de salud de cada mujer—, pero en quienes ya la están valorando por otros síntomas (sofocos, sueño, sequedad vaginal), el beneficio óseo añadido suele formar parte de la conversación con el ginecólogo. Esta decisión, como cualquier tratamiento hormonal, debe individualizarse y no depende solo del resultado de la densitometría.
Qué tipo de ejercicio de fuerza aporta más beneficio óseo
No todo el ejercicio de fuerza tiene el mismo impacto sobre el hueso. Los ejercicios que generan más carga axial y de impacto controlado —sentadillas con peso, subir escalones, saltos suaves si no hay contraindicación, entrenamiento con pesas para las piernas y la cadera— tienden a estimular más la formación ósea en las zonas más propensas a fractura (cadera, columna) que ejercicios de bajo impacto como la natación o el ciclismo, que son excelentes para el sistema cardiovascular pero aportan menos estímulo óseo directo por la ausencia de carga sobre el esqueleto. Esto no significa que la natación o el ciclismo sean malas opciones —lo son para otros objetivos de salud—, sino que si el objetivo específico es la densidad ósea, conviene complementarlas con algo de carga y algo de impacto controlado, siempre ajustado a tu condición física y bajo supervisión si nunca has entrenado fuerza antes.
Errores frecuentes al pensar en la salud ósea de esta etapa
El error más común es esperar a los síntomas para actuar, cuando la pérdida ósea, precisamente, no da síntomas hasta que ya hay una fractura o una densitometría alterada. El segundo error es centrar toda la atención en el calcio y olvidar el estímulo mecánico: sin ejercicio de fuerza o impacto, el calcio de la dieta ayuda menos de lo que podría, porque el hueso necesita también la señal de carga para mantener su densidad. El tercer error, más sutil, es asumir que «en mi familia nadie ha tenido osteoporosis, así que no me toca preocuparme» — los antecedentes familiares influyen, pero no son el único factor, y muchas mujeres sin historia familiar desarrollan osteopenia significativa igualmente si no cuidan estos aspectos de forma activa.
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Una perspectiva a largo plazo, no solo para «esta etapa»
Cuidar la masa ósea en la menopausia no es solo una tarea de los próximos cinco o diez años: la densidad ósea que consigas mantener ahora es, en gran parte, la que tendrás dentro de veinte o treinta años, cuando el riesgo de fractura y sus consecuencias (pérdida de movilidad, dependencia) se vuelve mucho más determinante para la calidad de vida. Pensarlo en estos términos —no como un problema del presente inmediato, sino como una inversión directa en tu autonomía futura— ayuda a sostener hábitos como el entrenamiento de fuerza o el cuidado de la ingesta de calcio incluso en los meses en los que no notas ningún cambio evidente, porque el beneficio real de estas medidas se mide en años, no en semanas.
Preguntas frecuentes
¿Cuánta masa ósea se pierde realmente en la menopausia?
Se estima que hasta un 20% de la masa ósea puede perderse en los primeros cinco años tras la última regla, con el ritmo más rápido justo en esa ventana inicial y una ralentización posterior hacia un ritmo más parecido al de la pérdida ósea por edad en general.
¿A qué edad debo hacerme la primera densitometría?
Las guías generales recomiendan a partir de los 65 años, pero antes si hay factores de riesgo como menopausia precoz, fractura previa por fragilidad, antecedentes familiares de fractura de cadera o uso prolongado de corticoides. Si tienes alguno de estos factores, coméntalo con tu médico bastante antes de esa edad.
¿La osteopenia siempre avanza a osteoporosis?
No necesariamente. La osteopenia es una señal de alerta, no un diagnóstico de progresión inevitable. Con alimentación adecuada, ejercicio de fuerza y control de otros factores de riesgo, muchas mujeres mantienen su densidad ósea estable durante años sin llegar a osteoporosis.
¿El ejercicio puede revertir la pérdida ósea ya producida?
El entrenamiento de fuerza y los ejercicios con impacto controlado pueden frenar la pérdida y, en algunos casos, mejorar ligeramente la densidad ósea, pero no suelen revertir por completo una pérdida ya establecida. Su mayor valor es prevenir que la pérdida continúe al mismo ritmo.
Nota: la salud ósea no es el único frente que cambia con la caída de estrógeno; el riesgo cardiovascular sigue un patrón parecido de deterioro silencioso, como explico en salud cardiovascular en la menopausia. Y si además quieres revisar tu ingesta de fibra, un nutriente que también participa indirectamente en la salud metabólica de esta etapa, tienes el artículo sobre fibra en la menopausia.
Referencias científicas
- Ji MX, Yu Q. «Primary osteoporosis in postmenopausal women». Chronic Diseases and Translational Medicine. 2015;1(1):9-13.



